El sábado, 3 de septiembre de 2011, varios estudiantes del curso “Comunicación y Sociedad” de la Pontificia Universidad Javeriana en Cali, hicieron una salida al Distrito de Aguablanca. Junto con otros estudiantes del curso “Comunicación y Ciudad” realizamos esa salida de campo para llegar a conocer el distrito de Aguablanca que es un amplio sector de Cali.
Contiene un 20% de la población de Cali, que son aproximadamente 500.000 habitantes. El sector de Aguablanca es conocido por su alto nivel de trabajo informal, por la violencia, las pandillas y en total mucha criminalidad. Por esas razones Aguablanca cuenta con muchas organizaciones benéficas para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de esta zona y mejorar la imagen del sector.
Nuestro grupo de estudiantes se encontró en la universidad y de ahí partimos en varios autobuses que nos llevaron a Aguablanca. Con algo de retraso llegamos allá a las 10:00 a.m. El lugar que visitamos fue una escuela situada en en “Vallado” de Aguablanca. Nuestra primera impresión de la escuela nos dieron los propios alumnos que estaban realizando diferentes proyectos en varios grupos de trabajo, por ejemplo baile o moldeados en yeso.
Luego un señor nos dio la bienvenida y nos reunimos con varios miembros del Centro Comunitario “Fé y Alegría” que estaban presentes ese día para recibirnos. Ahí cada uno se presentó, un procedimiento algo lento para mi gusto ya que en total éramos entre 40 y 50 personas. La mayoría de los miembros de la fundación eran mujeres cuyos hijos o nietos en muchos casos son alumnos en la escuela.
Según ellos persiguen la misión: “Fé y Alegría” es un movimiento internacional de Educación Popular Integral y Promoción Social, basado en los valores de justicia, libertad, participación, fraternidad, respeto a la diversidad y solidaridad, dirigido a la población empobrecida y excluida, para contribuir a la transformación de la sociedad.”
Y su visión es: “Un mundo donde todas las personas tengan la posibilidad de educarse, desarrollar plenamente sus capacidades y vivir con dignidad, construyendo una sociedad en la que todas las estructuras estén al servicio del ser humano y la transformación de las situaciones que generan la inequidad, la pobreza y la exclusión.”
Y su visión es: “Un mundo donde todas las personas tengan la posibilidad de educarse, desarrollar plenamente sus capacidades y vivir con dignidad, construyendo una sociedad en la que todas las estructuras estén al servicio del ser humano y la transformación de las situaciones que generan la inequidad, la pobreza y la exclusión.”
Después de la bienvenida salimos y dimos una vuelta por el barrio para conocerlo y para ver como vivían las personas ahí. Como antes no había ido a Aguablanca, no sabía que me esperaba. Estaba algo escéptica, porque mucha gente me había contado cuentos horripilantes de esa zona, que era peligroso y que tenía que tener mucho cuidado. También antes de partir nos habían advertido de no llevar joyas ni otros objetos de valor y que siempre teníamos que quedarnos juntos. Y cuando me puse mis (baratos!) lentes de sol todos me tomaron por loca. Ya en la calle, no noté gran diferencia con las calles por las que paso diariamente camino a la universidad. Muchas casas se veían descuidadas y la pintura ya se estaba descascarillando de las paredes.
Se puede ver que todas las casas tienen (para Latinoamérica típicas) medidas de seguridad, como rejas ante las puertas y ventanas. Además las calles estaban vacías y tranquilas. En cada esquina se encontraban unas tienditas o panaderías. Pude notar un gran desperdicio de agua, en muchas calles había grandes charcos.
Pero también hubo algunas casas bien arregladas y pintadas o simplemente adornadas con muchas plantas, como se puede ver en las fotografías.
Obviamente no se trata de condominios lujosos, pero en mi opinión tampoco se parecen a los “slums” de los que me han hablado. Al parecer nos encontramos en la parte “bonita” de Aguablanca, el barrio del “Valladito” que está muy cerca tiene la fama de ser peor.
Obviamente no se trata de condominios lujosos, pero en mi opinión tampoco se parecen a los “slums” de los que me han hablado. Al parecer nos encontramos en la parte “bonita” de Aguablanca, el barrio del “Valladito” que está muy cerca tiene la fama de ser peor.
En nuestro recorrido la gente con la que cruzamos se nos quedó mirando con recelo y yo personalmente me sentí algo incómoda al caminar por las calles y tomarles fotos a las casas y a las personas como si estuviéramos en un zoológico. Entiendo que algunas personas pudieron haberse sentido insultadas o discriminadas, aunque de seguro todos pudieron ver que no teníamos mala intención.
Regresando al colegio, los niños nos dieron una pequeña función por la que tuvimos que pagar 500 pesos de “entrada”. Al inicio nos dieron un show de expresión corporal y después dos niñas nos presentaron un sketch que me pareció muy bueno y cómico. Luego llegaron las bailarinas al escenario y nos enseñaron una coreografía de danza, de salsa. Quedé muy impresionada del talento de esas niñas y además se notó que llevan el ritmo en la sangre. Después apareció un grupo músical que cantó y tocó la guitarra.
Entonces la presentación fue interrumpida ya que era hora del refrigerio y nos bajamos al patio a tomarlo juntos. Ahí estuvimos sentados mientras platicábamos y comíamos nuestros sandwiches. Cuando terminamos nos reunimos los estudiantes con los miembros de la fundación Fé y Alegría para entrar en conversación. Nos sentamos en pares, o sea un estudiante con uno de ellos.
A mí me tocó “entrevistar” a una señora junto con otra estudiante del otro curso que no conocía. La señora nos platicó algo de su vida en el barrio de Aguablanca. Nos dijo que la criminalidad obviamente era alta, pero tampoco mucho más que en cualquier otra parte en Colombia. Ella vive desde hace casi 30 años en Aguablanca y hasta ahora gracias a Dios nunca le ha pasado nada, aunque obviamente respeta las reglas de comportamiento típicas para la seguridad en Latinoamérica. Por eso se siente segura en su barrio y dice que en realidad es un lugar tranquilo. Según ella vive una vida “normal” (una palabra demasiado relativa para mí) y en su tiempo libre ve la televisión o se reune con su familia y sus amigos. También se interesa por las cosas que pasan en el mundo y en especial por la política: “Claro que voy a votar!” Dice que la solidaridad entre la gente de su vecindad es muy fuerte, cada uno cuida del otro. Finalmente le gusta vivir en Aguablanca: “Uno no puede odiar su barrio”, para ella Aguablanca significa en primer lugar su hogar y en segundo lugar significa identidad con la comunidad. Aunque la señora nos contestaba nuestras preguntas con paciencia y afirmó que le encantaba conversar con nosotros, la plática se me hizo algo “artificial”. Tuve la impresión de que mi interlocutora ya estaba acostumbrada a tales conversaciones y por eso ya se sabía sus frases de memoria.
Al parecer todos nosotros tuvimos conversaciones con personas que hicieron diferentes experiencias, pero en total se puede constatar que todas fueron interesantes e impresionantes.
Al parecer todos nosotros tuvimos conversaciones con personas que hicieron diferentes experiencias, pero en total se puede constatar que todas fueron interesantes e impresionantes.
Al finalizar nuestra visita, almorzamos todos juntos y después hubo algunos breves discursos de agradecimiento y de despedida antes de irnos a las 2 p.m.
Como resultado de nuestra excursión logramos disolver algunos prejuicos y rumores sobre el Distrito de Aguablanca. Sin duda existen varios problemas en Aguablanca, pero tampoco tan graves que le hagan a uno imposible ir allá. Se me hace alarmante que la mayoría de los estudiantes colombianos y además caleños nunca en su vida hayan ido a Aguablanca, ya que el distrito forma gran parte de su propia ciudad y uno debería conocer el lugar donde uno vive. Como crítica podría revelar que no vimos tanto del barrio como queríamos y por eso no estamos en condiciones de juzgar de manera diferenciada la situación en Aguablanca. Me hubiera gustado conocer más del distrito. Sólo pudimos observar y quedarnos pasivos aunque lo mejor hubiera sido ayudar y de alguna forma poder tomar parte en las actividades de la fundación.
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